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LA
MUJER EN EL ANTIGUO EGIPTO
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La mujer
en el Antiguo Egipto, según la mayoría de investigadores,
era muy valorada por la sociedad, lo cual podía ser causa de cierta
igualdad entre los sexos. Su situación legal era similar a la de
los hombres, sobre todo en el Imperio Nuevo, en que una mujer podía
heredar, hacer negocios e intervenir en pleitos legales de diversa índole.
Desde el
momento de su nacimiento, las niñas eran tratadas igual que los niños,
siendo sus juegos y demás actividades comunes durante la infancia.
El único punto en que se diferenciaban era en la educación,
a partir de los cuatro años de edad. Mientras para los niños
era más fácil acceder a la misma, en el caso de las niñas
sólo lo hacían algunas de clase alta.
Una vez se
convertían en adultas, normalmente se ocupaban de las labores del
hogar y el cuidado de los hijos, aunque algunas trabajaban también
fuera de casa.
Pocas llegaron
a Faraón. Es el caso de Merneit, de la I Dinastía, aunque
no está claro si fue reina o Regente de Uadyi. Mas tarde, en la VI
Dinastía, encontramos el caso de Nitocris, reina tal y como indica
el papiro de Turín. En la XII Dinastía, Sebeknefrure fue posiblemente
sucesora de Amenemes IV. En la XVIII Dinastía, la Reina Hatshepsut,
esposa de Tutmosis II, que a la muerte de éste asumió la Regencia,
al subir al trono Tutmosis III a muy corta edad. Más tarde se autoproclamó
faraón, aunque desconocemos en qué momento y por qué
causas, Tutmosis III se hizo con el trono de Egipto. Por último,
en la XIX Dinastía, Tausert, madrastra del rey Siptah, se hizo proclamar
reina tras la muerte de éste.
Algunas fueron
reinas influyentes bajo la sombra de sus esposos, tales como Nefertiti o
Nefertari, que pudieron participar activamente en el gobierno de Egipto.

©Busto de Nefertiti. Museo Egipcio de El Cairo.
También
las hubo sacerdotisas de Hathor, médicos, comerciantes o escribas,
entre otras profesiones. Podían trabajar en cualquier cosa, excepto
en profesiones que requirieran fuerza física, aunque muy pocas llegaron
a ostentar cargos administrativos o de escribas, por su escasa accesibilidad
a la educación. Algunas mujeres de las clases altas eran bailarinas
o interpretaban música, tanto en los templos, como a nivel particular.
Las mujeres
de clases más pobres se empleaban en el campo, como recolectoras
o molineras; en la fabricación de telas y vestidos; la venta de productos
del campo o de tejidos hechos por ellas mismas, mediante el intercambio
o trueque; la servidumbre, sobre todo como doncellas, amas de cría
o dedicadas al cuidado personal de los señores; y la alimentación,
especialmente en la fabricación de cerveza y pan).
Otras profesiones
eran exclusivamente femeninas, como las nodrizas (obviamente), plañideras,
sirvientas, peluqueras, masajistas, etc.
Y aunque
la mayor parte de historiadores hablan de igualdad entre el hombre y la
mujer en el Antiguo Egipto, también se observan marcadas diferencias
en el matrimonio.

©Estatua de Nofret. Museo Egipcio de El Cairo
A la edad
de 12 o 14 años, la mujer debía casarse, en la mayoría
de los casos, por un acuerdo realizado previamente por su familia. El marido
podía tener varias concubinas, mientras que esta poligamia no estaba
permitida para ella. Este hecho también las beneficiaba, en el sentido
de que si una mujer era estéril, motivo de divorcio en el Antiguo
Egipto, podía adoptar como propio al hijo de alguna de las concubinas
de su esposo.
Por otro
lado, el divorcio era legal, incluso si era solicitado por la propia esposa,
alegando incompatibilidad, desatenciones o problemas sentimentales de la
más diversa índole. No así el adulterio. Aunque un
hombre casado podía tener relaciones con otras mujeres, siempre y
cuando tampoco estuvieran casadas, sus esposas no tenían el mismo
derecho, siendo la excusa el asegurarse de que los hijos fueran del marido.
Si la mujer
quedaba viuda, recibía su parte de herencia, compartida con los hijos,
manteniéndola incluso si volvía a casarse de nuevo.
Dentro de
la familia, ella era el ama de casa, encargada de las labores del hogar
y cuidado de los hijos, así como de la organización y administración
en el seno de la misma. En el Antiguo Egipto, este papel era el de "señora
de la casa" (Nebt-Het), título con mucho prestigio social, símbolo
de grandeza y nobleza. Además, en su tiempo libre, tenía derecho
a participar y organizar fiestas y diversas actividades de ocio.
En definitiva, la mujer en el Antiguo Egipto, gozaba de derechos y libertades
similares a los de la modernas sociedades occidentales.

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