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HISTORIA
DE EGIPTO
TERCER
PERÍODO INTERMEDIO
Éste
período comienza hacia el 1080 A.C., con la XXI Dinastía.
Abarcará cuatro dinastías de reyes, agrupadas en tres subperíodos:
tanita (Dinastía XXI), libia (Dinastías XXII a XXIV) y etíope,
en la cual se iniciará la Baja época (Dinastía XXV).
La época tanita recibe este nombre porque su capital y su corte estaban
en Tanis, ciudad consagrada a Amon.
Los sacerdotes de Amon habían adquirido durante el reinado de Ramsés
XI tal poder que se produjo un golpe de estado en el Norte, por parte de
Herior. Fue sucedido por su hijo Pianj, el cual renunció al protocolo
faraónico que había adquirido su padre, a favor de la unidad
de Egipto bajo el mando del sucesor de Ramsés XI, Smendes. Así
y todo, en esta época, convivieron dos dinastías durante aproximadamente
un siglo. Por un lado, los sucesores de Ramsés XI: Smendes, Amenemnisus,
Psusennes I, Amenemope, Osokhor, Siamon y Psusennes II, gobernando en Tanis.
Por otro lado, la dinastía de los sacerdotes de Amon, gobernando
en Tebas: Herior, Piankhi, Pinedjem I, Makhasarte, Menkheperre, Psusennes
III, Pinedjem II y Psusennes IV. Entre ambas lineas dinásticas, no
hay datos de que se produjeran confrontaciones, aunque es evidente que debieron
producirse tensiones.
No se produjo durante esta doble dinastía ningún movimiento
militar importante, salvo las luchas de Siamon contra los filisteos como
aliado israelí. Se fortalecieron las relaciones comerciales con los
fenicios, pero la pobreza y los levantamientos sociales indicaban una economía
pobre. Esto llevaba constantemente al saqueo de tumbas, hasta el punto de
que las momias de varios reyes hubieron de ser escondidas en Deir El-Bahari.
La XXII Dinastía fue la primera de la época libia. Los libios
intentaban hacerse con el territorio egipcio ya desde los ramésidas
atacando zonas dispersas. Llegaron al poder debido a los altos puestos militares
que ocupaban en Egipto. Esta dinastía estableció su centro
de poder en Bubastis. Su primer rey fue Sheshonq I, marido de la hija de
Psusennes II, cuya primera misión fue reunificar Egipto. Estableció
en Nubia el mando egipcio y continuó con las campañas en Palestina.
Continuó su relación comercial con fenicia.
Fue sucedido por Osorkon I, que mantuvo la misma línea que su antedecesor.
En la última etapa de su vida fue corregente con Sheshonq II, que
nunca llegó a reinar solo.
Pasó el trono a Takelot I, del que no se tienen datos.
Osorkon II fue el siguiente. Mantuvo la línea de la dinastía
de mantener el control sobre Tebas por medio de los sacerdotes de Amon,
que gobernaban en lugar de las magistraturas traicionales. A partir del
reinado de su hijo Takelot II, todas las ramas que rodeaban a la dinastía
empezaron a disputar por el control de las capitales Fue el último
de la dinastía considerado faraón de las dos tierras. Su hijo
Osorkon III, gran sacerdote de Amon, tuvo que subir al poder mediante las
armas, y los castigos a sus oponentes. Fue expulsado varias veces del trono,
aunque siempre volvió a recuperar su status. El final de la dinastía
estuvo marcado por divisiones internas y levantamientos, debido a la debilidad
de poder y a los problemas económicos del país.
La dinastía XXIII es muy poco conocida, aunque sabemos que fue iniciada
por Petubastis I, mientras aún reinaba Sheshonq III, de la anterior
dinastía. Esto dividió aún más a Egipto en dos
facciones enemigas. La política se continuó deteriorando,
nombrándose reyes simultáneamente en distintas partes del
país, y quedando Egipto dividido de nuevo en Alto y Bajo Egipto.
Mientras Egipto se descomponía cada vez más con guerras civiles
y revueltas, en Nubia, influenciada por la cultura egipcia tras años
de dominación, se empezó a organizar un reino. Además,
en el ejército egipcio había numerosos representantes nubios.
Mientras tanto, en el norte de Egipto se asienta Tafnajh, de origen libio,
apoyándose en las minorías libias que poblaban la zona que
tras luchar contra nubios y etíopes, y a la vista de la anarquía
que dominaba Egipto, se proclamó faraón, fundando la XXIV
Dinastía saíta. Éste Rey, y tras él su hijo
Bakenrenef, coexistieron con las dinastías XXII y XXIII, que seguían
reinando en algunas zonas del pais. La tradición reconoce a Bakenrenef
como un buen rey, buen legislador y protector de la clase trabajadora. Fue
asesinado por Sabacon, rey etíope de Napata, el cual se proclamó rey de todo Egipto.
Era el principio de la XXV Dinastía, que la mayoría de historiadores
incluyen ya en la Baja Época.

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