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ESTATUA
DE KEFREN

©Estatua de Kefren. Museo Egipcio de El Cairo
Es una estatua de diorita
de 168 cm de altura, 57 cm de anchura y 96 cm de longitud. Representa a Kefren,
rey de la IV dinastía (hacia 2.530 a.C.) protegido por el dios Horus.
La estatua fue encontrada
en el Templo del Valle del faraón, junto con fragmentos de otra similares,
en el interior de una fosa enlosada, en Giza, por el equipo de excavadores de
Mariette en 1.860. Actualmente se encuentra en el Museo Egipcio del Cairo.
Es una de las obras escultóricas
más importantes del Imperio Antiguo, por su perfección y por utilizar
un material tan especial, un bloque de diorita, la piedra más resistente
del Antiguo Egipto.
Respecto a su propietario,
Kefren, hijo del faraón Keops, que subió al trono de Egipto tras
morir su hermano Djedefre, se hizo construir una gran pirámide en Giza,
sólo superada en tamaño por la de su padre.

©Estatua de Kefren. Museo Egipcio de El Cairo
Otra de las obras de Giza,
la Gran Esfinge, podría construido bajo su reinado, e incluso se cree
que sus rasgos corresponden al propio Kefrén.
Respecto a la escultura
en sí, se trata de una escultura individual, tallada en un solo bloque
en actitud sedente.
Se muestra en un trono,
llegándole el respaldo de éste justamente hasta los hombros, sy
sobre él, la imagen de Horus en forma de halcón, abraza protector
la cabeza del rey con sus alas extendidas.
La parte inferior del
trono son cuatro patas de león y sendas cabezas de estos animales en
ambos extremos del asiento del mismo.
En los laterales del trono
están representadas las flores del Alto y Bajo Egipto (loto y papiro)
entrelazadas, representando la unificación en un solo país.
Los miembros están representados con un alto grado de perfección.
El rostro, con facciones muy marcadas, muestra el hieratismo propio del arte
egipcio.
La musculatura está
representada con gran realismo. Lleva los brazos apoyados sobre los muslos con
la mano derecha cerrada y la izquierda con la palma abierta hacia abajo. Como
única vestimenta lleva un faldellín plisado, el tocado faraónico
y la barba postiza propia de los reyes de Egipto.
Respecto a las normas
de la estatuaria egipcia, vemos en esta estatua varias de las más interesantes:
La figura está
tallada en un solo bloque, teniendo forma cúbica.
Guarda la ley de la frontalidad,
ya que el único detalle de a parte posterior de la estatua es el halcón.
El resto es liso, ya que la estatua está hecha para verse de frente.
Cumple también
la ley de la simetría. La escultura es completamente simétrica,
dividiéndose en dos partes iguales respecto a un eje vertical, salvo
por la posición de las manos.
Muestra hieratismo y rigidez
definidas como la representación tranquila y ambigua, y una inmovilidad,
casi de reposo.
Por último, la
representatividad. La escultura egipcia tiene un fin, aparte del puramente estético.
Bajo mi punto de vista, la estatua nos representa a Kefren como a un rey que
toma la personalidad de un dios, fundiéndose en el abrazo de Horus, que
lo apoya y lo protege.

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